domingo, 20 de marzo de 2016

Daños colaterales del fútbol VII:Cuando el contrario pierde y se cabrea.

Mis hijos, como ya he dicho hasta la saciedad, porque además de loka soy pesada de cojones  un poquito repetitiva,son entrenadores y jugadores del deporte rey.Como jugadores, a veces su equipo gana y a veces pierde,siendo su nivel de mala leche inversamente proporcional a las victorias,vaya,que a más victorias menos mala leche, y viceversa.Y resulta que eso le pasa a todo el mundo.Pero hay que reconocer que también algunos padres encajan mal que el equipo de sus hijos pierda;eso también me pasa a mi, pero voy renegando por lo bajini y ahí se queda la cosa.Hay progenitores,no obstante, que se ponen como fieras si el árbitro no es uno más de su equipo, y no se cortan en hacérselo saber al mismo árbitro, a los contrarios, a los adlateres de su equipo y al mismismo Sumsum Corda si se deja.
El pasado sábado hubo derby,es decir,  se enfrentaron dos equpos de un mismo pueblo, en partido de vuelta .Los de mi hijo habían ganado a la ida y los padres del otro equipo no se lo habían tomado excesivamente bien...por decirlo de manera suave.La cosa se palpaba tensa y de hecho yo me vi al borde del infarto cuando los contrarios parecía que iban a meter gol.Por suerte,el partido se resolvió a favor de los nuestros.cabreo mayúsculo de los padres,cabreo que tampoco tenía razón de ser...sencillamente, una parte de azar y otra parte de saber jugar decantó el resultado a favor de los "Aleix and Kilian boys"...y la cosa se salió de madre.Empezó una ídem gritando "tramposos!" (a los nuestros, claro)...y la cosa se fue calentando.Incluso mi hijo se dirigió a los progenitores del otro equipo diciéndoles que hicieran el favor de no meterse con los niños...pero cuando la imbecilidad congénita y cultivada con mimo se alía con el abuso de cervezas,pasa lo que pasa, y a un trís estuvimos de llegar a las manos...porque yo lo tenía claro:si alguien tocaba a mi hijo o a su compañero de fatigas, que parece otro hijo mio,hubiese saltado como una leona...y es que una cosa es cagarse en todo por dentro y otra muy distinta intentar agredir de manera psiquica o física a quien ha sabido hacerlo mejor que tú.

domingo, 6 de marzo de 2016

Mamá se emociona

Encuentro un artículo que hace que suelte la lagrimilla esa que las mamás lokas siempre tenemos a punto cuando algo nos recuerda que esos grandullones de pies de barca, patuelas peludas, caras que se afeitan y voces graves eran no hace mucho unos pequeñajos de vocecita aflautada,ojillos inquisidores y dulces y manitas pringosas...joder, qué pastel,moqueando delante del ordenador...
Ahi va...
Le echas de menos
27/02/2016 03:00
Le tienes delante y le echas de menos. Cuando no sabía escribir. Cuando se ponía de puntillas y sólo te llegaba hasta aquí de alto: justo a la altura del pecho. Cuando decía «'ranaceronte'» y «'nesecitar'». Cuando te tenía por alguien de fiar, por el mejor padre del rellano, por la mejor madre de la oficina, por un Jedi en vaqueros. Cuando le tirabas tiros con la pelota de espuma en el sofá del salón para que se hiciera palomitas y daba igual que se rompiera un jarrón. Porque él se rompía de risa.
Le tienes delante y le echas de menos. Cuando te ametrallaba preguntando «¿por qué?» -durante cuatro horas seguidas, cabezón, como un Mourinho chiquitito- y no se conformaba con la pólvora de tu silencio. Cuando te venía en pijama con un cuento y te lo ponía encima como un recién parido. Sin preguntas. Porque entonces tú ya sabías. Cuando la vida era un grito y un desorden y unos cereales en concreto y una O con el rabito mal hecho y una lucha libre en la cama y un olor a Nenuco y un rayajo en la pared y tres termómetros perdidos en un solo mes y el Dalsy nocturno y siete colecciones de cromos sin terminar y un gorrito de baño como de muñeco y fin.
Echas de menos sus rodillas sucias y que las tuyas no crujan. Echas de menos las cosquillas a traición y los sustos pactados. Echas de menos sus regalos horribles: el marco con pinzas de la ropa que no hubo huevos a colgar; un collar de garbanzos que parecía un rosario; aquel colgante-mariposa para el retrovisor que te tapaba media carretera. Echas de menos que ya se vaya acabando esto. Que hayan bajado la música. Que vayan apagando las luces. Echas de menos más.
Le tienes delante. Míralo, sigue siendo un mocoso, todavía no ha tirado los peluches, si te esfuerzas con una buena historia todavía se caga de miedo. Pero le echas de menos.
(...)
En 'El Mago', el académico argentino Isidoro Blaisten -que fue fotógrafo de niños y decía que para escribir bien necesitaba tener cerca una espada de Sandokán de juguete- explicó mejor que nadie la pérdida que lleva aparejado el final de la infancia. En una sola frase: «Sólo los niños creen. Pero los niños crecen».
Una casa con hijos mayores o en el trance de serlo es una casa donde se va creyendo menos. Se empieza dejando de creer en el Ratoncito Pérez y se termina descreyendo de todo lo demás.
«A veces quisiera regresar al preciso instante donde mis padres aún eran esos seres increíbles que todo lo podían», sigue Blaisten. «Mi madre desaparecía monstruos y brujas, mi padre construía castillos para mis muñecas y creaba de servilletas miles de mundos extraños y desconocidos. Pero después crecí y dejé de creer».
Así que aquí estamos en el puerto algunos padres, muchos de cuarenta y tantos. Resignados con el viaje. Viendo partir un barco. Botando un hijo. Como ese familiar pesado que agita un pañuelo en el trance de la despedida. Como ese viejo amigo que se va a tener que conformar con recibir una postal de cuando en cuando. Cada vez más corta. Con una letra cada vez más extraña. Con un remite cada vez más lejano.

Le tienes delante esta mañana de sábado. O de frente. O detrás. O al otro lado de esa vieja mesa de distancias kilométricas. Si estiras el brazo podrías tocarle. Y sin embargo le echas de menos."
Ay mis hombretones que empezáis a mirarme con cara de "te estás haciendo mayor, mamá"...pequeños grandes muchachos que me lleváis de cabeza aún y me hacéis estremecerme de orgullo cuando pienso "lo estoy consiguiendo,lo estamos consiguiendo"...No hemos escalado el Himalaya,no hemos ganado el Nobel,hemos,estamos haciendo algo más importante:vosotros os estáis haciendo adultos y yo continuo intentando ayudaros en el empeño...niños de manitas de estrella hace poco,grandullones de manazas enormes hoy.Os quiero.